Cuando apenas llegaba a los nueve años, harta de que los libros que leía tuviesen un final que no me convenciera, decidí amoldarlos a mi gusto. Así fue como nació mi entusiasmo al escribir. Primero empecé por dibujar comics, de forma que mejoré bastante en clase de plástica, sobretodo a la hora de dibujar personas. Con el tiempo y un nuevo callo en el dedo, me dediqué plenamente a escribir mirando una pantalla. Aprendí a mecanografiar y a redactar sin faltas, por lo que los exámenes de lengua los bordaba. Al ver mis escritos tan sosos, llenos de letras, se me ocurrió dibujar ciertas escenas con Paint o PhotoShop. No cabe mencionar que tanta práctica me sirvió de mucho (y actualmente me sirve). A la hora de terminar un capítulo, lo leía mil veces, y si veía algo mal expresado, lo retocaba hasta que estuviese a mi gusto. Con lo que dejé de repetir palabras en mis redacciones y descubrí otras nuevas. Mis notas subieron. No era de extrañar que por aquella época me diera por dedicarme a ello en un futuro, pero se pasa mucha hambre y los buenos son muy buenos. No hay espacio para amateurs adolescentes con pavo como yo. Supongo que no puedo negar que la narrativa me ha ayudado mucho a ser quién soy, aparte de enseñarme cómo vivir y a observar y analizar los diferentes puntos de vista de una misma situación. ¡Qué poético todo! Cuando cumplí doce años, dejé de escribir. No recuerdo exactamente por qué; tal vez fuera porque pensaba que era inmaduro o me centraba en otras cosas. Pero nadie puede huir de su pasado, ni tampoco de una adicción que te recorre la piel. Las teclas de mi ordenador funcionan como las de un piano, creando mi música particular que ahora he decidido compartir en Internet. Bueno, ya sabéis algo más de mí.
martes, 13 de mayo de 2014
Si te he visto no me acuerdo, si te desvisto tampoco.
Debes escuchar la música mientras lees el texto; así, de cierta forma, estarás sintiendo lo que yo viví al escribirlo.
Ojalá puedas emocionarte tanto como yo.
A mi vida, mi pequeño gran trocito de felicidad:
No sabría cómo empezar a explicarte todo lo que me haces sentir, lo que me haces percibir por cada poro de mi piel. Esa forma de ser tú es tan hermosa, es imposible no adorarla, admirarte en todos tus puntos cardinales. Porque todo tú iluminas, tu música y esas dulces carcajadas que, he de reconocerlo, me dan vida.
Tal vez pienses que exagero, yo creo que no. Me aportaste (y me aportas) esa tranquilidad cuando no veo la salida, esas risas cuando todo está negro y unos abrazos reconfortables.
Centrándonos más en nosotros, sabes que no te voy a prometer un infinito, ni pondré nombres a nuestros hijos imaginarios ni planearé nuestra casa perfecta. Tampoco pintaré nuestras iniciales en las paredes.
No lo haré porque por nada del mundo querría prometerte una vida perfecta que no podría cumplir. Prefiero disfrutar el momento, sin importar el futuro, aunque sería más bonito contigo. Me da igual la forma, pero contigo.
Puedo vivir sin ti y tú sin mí, lo sé, pero prefiero no hacerlo, sería todo aburrido, vacío. Gris.
Y todo lo pasado, en nuestras mentes queda, porque es tan mágico que nadie lo entendería. Podemos comunicarnos mentalmente, similares a Marshall y Lilly (en algunas ocasiones molamos más), pero con la ventaja de que tú, eres tú. Irreemplazable.
Pequeño, sé que no puedo darte mucho, porque no tengo nada; solo puedo afirmar aquí, delante de todo el mundo, que eres mi peor distracción, mi ritmo y mi blues.
Con esta retaila de cursiladas y cosas ñotas quiero decirte mil veces que eres mucho más de lo que nunca pude pedir. Gracias por ser parte de mí y hacer de cada día valga la pena más que el anterior, por darme todo y más, te quiero ñota.
Recuerda, si tú quieres, voy a estar en tu vida; porque yo no querré irme.
lunes, 5 de mayo de 2014
Si me muriese mañana
(Dios no lo quiera),
me gustaría dejarte una carta
escrita con pluma y lágrimas,
con un toque sentimental
pero sin ser demasiado emocional.
(Ese no es mi estilo.)
Si por alguna casualidad,
mañana me fuera,
te diría que fuiste un apoyo,
un amigo incondicional,
el alma de fiesta
sin música si tú te vas.
Pondría corazones en la carta,
(aunque no los sé dibujar)
podría sonrisas,
como la que te quiero pintar.
Pero nunca jamás te escribiría un poema.
Porque escribo mejor en prosa,
y no encuentro qué rimar
con tantos te quieros.
domingo, 4 de mayo de 2014
Hay sentimientos que no se pueden explicar con palabras,
o una bonita foto,
o un estado en alguna red social.
Hay sentimientos que solo se expresan mediante una mirada.