Habíamos ido a un restaurante a cenar, uno de esos sitios pomposos donde va la gente de poca monta a aparentar una clase social inalcanzable excepto para ella.
Ya en su casa, sentada en su sofá, me ofreció una copa de vino irrechazable. Veía su pelo caer con ondas de vértigo a través de su espalda desnuda. El mono negro que llevaba solo enseñaba esa zona de su cuerpo, el resto quedaba pulcramente tapado, fingiendo ser buena chica.
Dio el primer sorbo a la copa y me miró divertida mientras se apoyaba sobre el reposabrazos del sofá rojo. El vino y sus labios hacían juego con ese color. No pude reprimir la curiosidad.
_ ¿Me vas a decir qué hago aquí?_pregunté, muy intrigado.
_ ¿No estás disfrutando de mi compañía? _ella seguía jugando a no saber nada.
_ Por supuesto, pero creo que hay algo detrás de todo esto.
Ella rió de esa forma que hace que la sangre corra más rápido por mis venas, con ese sonido puro e inocente.
_ Chico listo. _apoyó su copa en la mesa que nos separaba. Esperé el resto de su respuesta probando el vino mientras me acomodaba en su sillón. _Apenas te conozco y apenas me conoces. Eso hace esta conversación más interesante pero _hizo una pausa apoyando su dedo índice entre los labios. _ en este corto tiempo me he dado cuenta de lo diferentes que somos.Cada vez me parecía menos coherente esa situación.
_ Tú, tan quieto, tan sensato. _prosiguió._ Y yo, bueno, ya me vas entendiendo.
_ ¿Y a dónde quieres llegar con esto?
Ella suspiró.
_ Estoy harta. Harta de ir dando golpetazos por la vida. Necesito centrarme, necesito que me digan que pare, estoy descontrolada... Te necesito a ti.
Mis ojos se abrieron como platos. Es cierto que ella era preciosa y me encantaba su forma de ser, tan descontrolada como ella afirmaba.
_ Míranos, somos demasiado diferentes. No funcionaría.
_ No, cielo. Somos complementarios._me corrigió._ A veces tienes que mirarte al espejo y darte cuenta de lo que te falta. Y lo que yo necesito es una sonrisa sabia, tranquila y verdadera; una personalidad responsable y sencilla. He encontrado todo eso en ti, en apenas dos veces mal contadas que nos hemos visto. Y dime, ¿hay amor más intenso que el que piensas que es verdadero?
Mi corazón latía muy fuerte, tanto que sentía que me atravesaría el pecho.
Tras esto, ella me invitó a bailar. Puso la radio y dejó una canción cualquiera. Tras unos cuantos bailes movidos, sonó por los altavoces All of me. Nos agarramos para bailar pegados, con la mirada clavada en el otro.
_ Quiero ser feliz contigo. _susurró.
_ No creo que funcione. _contesté. _Lo único que nos queda es probar.
Y la besé. Ella quería llevarme por el mal camino y yo hacer que sentara la cabeza. ¿Había reto más romántico que algo imposible?



