No es quién pasa por tu vida, lo que de verdad te marca es quién te deja una huella tan grande que cambia hasta tu forma de respirar.
Te volatiliza y te conviertes en polvo, pero en polvo de estrellas. Viajas por galaxias a trompicones, buscando al dueño de la pisada de tu luna, esa que sigue intacta porque nadie caminó por ella tal y como él lo hizo.
Nada es igual desde que se fue, desde que tu mundo se detuvo en algún sitio, mientras intentas huir hacia sus brazos (los mismos que ya no están). Pero oye, a veces arriesgarse es la solución y si necesitas gritar, hazlo. Y si en ese grito se encierra un te quiero, suéltalo. Deja que vuele libre hasta los oídos de quien de verdad quiera escucharte.
Tu luna es hermosa con sus cráteres, con su dolor escondido y las pisadas de todos aquellos que dejaron huella en ti.

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