No suelo escribir sobre cosas alegres, pero a veces lo intento.
Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia (o mala leche).

lunes, 28 de diciembre de 2015

La carta

Querida tú:
Sí, tú, la de la sonrisa eterna aunque sea el peor día de tu vida; está carta es para ti. 
¿Cómo te va? ¿Eres feliz o solo lo finges? ¿Cómo llevas el frío? ¿Y el miedo?¡Qué digo de miedo! ¡Si nunca lo tuviste!Y fue y es lo que más admiro de ti, la valentía de vivir. 
Es impresionante esas ganas que tienes de hacer y rehacer; y si algo se rompe, da igual, porque lo vuelves a crear. Sin miedo a caer, sin miedo a perder. 
Por ello, por los cojones que no tienes pero que no te faltan, eres indispensable en cada vida que tocas.Una princesa sin príncipe, porque no le hace falta; la reina de su propio castillo y sus propias decisiones. Por tu independencia y tu valor, nunca pierdas esa risa tan contagiosa que tienes y las ganas de probar comidas y visitar nuevos lugares. 
Cámara en mano, graba todo, haz fotos a todo; guarda tus experiencias en ese cerebro tuyo, tan loco y vivo como el que tenías cuando te conocí. Cada una te hará más sabia. 
Te deseo, para este nuevo año lleno de sorpresas, la sonrisa más grande y la mirada más pura; para disfrutar de todo como cuando eras niña.
Te quiere mucho;
esta idiota.



domingo, 20 de diciembre de 2015

El Sol

El Sol me sorprenderá con la cabeza apoyada en tus caderas y sus rayos atravesarán mis párpados, despertándome sin piedad. Tal vez sea entonces cuando abra los ojos en ambos sentidos, deshaciéndome de mi sueño de mantenerte entre las sábanas.

Me pondré perezosamente la ropa y saldré por la puerta sin armar ruido hasta la próxima vez que tengas antojo de mí.

martes, 8 de diciembre de 2015

Pecho de mantequilla, corazón de porcelana (2)

Cuando te rompen el corazón. N=1

Cuando te rompen el corazón te sientes frágil. Eso es una verdad tan cruel y fría como la realidad; y ciertamente tiene su lógica.
De pronto, el músculo que reside dentro de tus costillas se vuelve de fino cristal y todo el envoltorio que lo rodea se debilita hasta acabar deshaciéndose. Por eso da la sensación de mantequilla que se va derritiendo, hasta dejar que la gravedad de tu alma rota caiga contra el suelo por su propio peso. Con el calor humano (un abrazo, un beso) la mantequilla se vuelve blanda, dejándote expuesta a romperte.
Qué duro, ¿verdad?
Esa extraña frase, para mí, define al dedo como te sientes.
Y tras todo eso, debes coger los pedacitos que quedan de ti y volverlos a pegar, posiblemente, con lágrimas en los ojos y amargo sabor en los labios que ya no son besados.
¿Cuánto se tarda en recuperarse? 
Ojalá supiese la respuesta o hubiese una media o alguna medida. 
Tal vez sea como dice Sabina,
diecinueve días
y quinientas noches.