El Sol me sorprenderá con la cabeza apoyada en tus caderas y sus rayos atravesarán mis párpados, despertándome sin piedad. Tal vez sea entonces cuando abra los ojos en ambos sentidos, deshaciéndome de mi sueño de mantenerte entre las sábanas.

Me pondré perezosamente la ropa y saldré por la puerta sin armar ruido hasta la próxima vez que tengas antojo de mí.
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