No suelo escribir sobre cosas alegres, pero a veces lo intento.
Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia (o mala leche).

viernes, 28 de agosto de 2015

Renegades

"Huyamos", fue el último mensaje que ella recibió de su chico a media noche.

A los veinte minutos estaba esperándola en la puerta del modesto edificio donde vivía. Sin pensárselo dos veces, la chica se metió en el coche blanco, en el asiento del copiloto. No hubo más saludo que una sonrisa y se pusieron en marcha, para huir de esas oscuras calles. Pasaron los minutos en silencio, escuchando el sonido de las ruedas en el asfalto.
_ ¿Quieres poner la música de tu móvil en la radio? _ él rompió el hielo.
_ No, prefiero escuchar la que tú tienes. _respondió encogiendo los hombros.
Conectó el cable USB del aparato de música con el teléfono del muchacho y le dio a reproducción aleatoria.
Durante el siguiente cuarto de hora estuvieron cantando a pleno pulmón, viendo como la ciudad se hacía pequeña a sus espaldas.
_ ¿Por qué quieres huir? _volvió a hablar el chico.
Ella guardó silencio durante unos minutos, pensando la mejor respuesta posible.
_ En esta ciudad me ahogo. No es la gente, ni los paisajes, ni las calles, ni los árboles. Es una sensación, como de un órgano mal trasplantado. Como si la ciudad entera gritase que este no es mi sitio. Que eres tú, que es mi momento; pero el lugar equivocado.
_ ¿Cómo si la ciudad te exiliase?
_ Sí, soy una exiliada..._ murmuró bajando la mirada.
_ Conozco esa sensación. _respondió él, apretando sus manos contra el volante.
_ ¿Somos unos exiliados? _lo miró, buscando apoyo en sus ojos, con un grito de socorro escondido.
_ Somos unos renegados.

viernes, 21 de agosto de 2015

"Te quiero"

El último día que fuimos, volvimos (me acuerdo bien) sin cogernos de la mano.
Sin buscarle los pespuntes a las bromas,
reprochándonos hasta lo que no fue.

Sentados, en aquel pedacito de césped con vistas al mar y a su futuro, simplemente surgió. De unos labios temblorosos y ansiosos salieron dos palabras que llevaba guardando en su garganta meses. Quizás más de lo que su interlocutor llegaba a alcanzar.
_ Te quiero.
Dijo tras las risas que se habían provocado a base de bromas y cosquillas. Acto seguido, dándose cuenta de lo que había dicho, de lo grande que había sido su confesión, le tapó la boca al que recibió esas palabras. A este se le iluminaron los ojos, abiertos como platos, como si esas ocho letras le hubieran pegado una hostia.
_ No digas nada, por favor.
Hizo caso a esas palabras, guardando un "yo sí que te quiero" cerrando la compuerta de sus pensamientos mordiéndose el labio inferior.

Cuando sus miradas se cruzaron supieron que todo estaba perdido. ¿Por qué ralentizar lo inevitable?
Y así, simplemente surgió, el primer beso de 1.538 que les quedaban.





Pdt: esta entrada la he hecho unisex. Eso quiere decir que con ella intento que no sea la típica historia de "chico conoce chica"; si no que cada cual elija a sus protagonistas. Chico y chico, chica y chica, unicornio y cacahuete. Espero que os haya gustado.

El don

Hay quienes nacen con estrella y hay quienes nacen estrellados.

Creo que no hay don más bonito y más exclusivo que encontrar el arte en lo cotidiano. Lo que es convertir un frutero en naturaleza muerta, o crear con los dedos una melodía que emocione hasta el desgarro. Quizás una voz que te haga sentir la piel de pollo, o una interpretación de Julieta que te haga querer morir con ella de amor.
La casualidad, la maestría y la constancia crean tal don, y lo liman con esmero.
¡Qué curioso que siempre haya existido! Desde Da Vinci hasta la voz quebrada y sonido triste de guitarra del cantante callejero de la esquina. Unos con tanto, otros con tan poco; pero siempre con la estrella encima de sus cabezas, recordándoles que la magia que ellos poseen no la tiene cualquiera.






Ver las cosas de forma diferente, expresarlas como nadie más, sentirlas, vivirlas y, sobretodo, mostrarlas al mundo como arte; es uno de los mayores dones que te han podido tocar.
Explótalo.

martes, 18 de agosto de 2015

Hoyuelos

Ella se tapaba la cara con sus delgadas manos, escondiendo las lágrimas que hacían que su respiración fuese entrecortada. Estaba sentada en la acera, con las piernas cruzadas y el alma de luto. A su lado, de pie, estaba un chico con pelo despeinado y cabeza desordenada. La miraba impasible, como quien ve caer la lluvia, sin ningún tipo de emoción en su cara pero sí en su corazón. Se sentía mal por aquella pequeña chica que parecía perdida en medio de una tormenta. No pudo evitar hacerle compañía sentándose a su izquierda.
_ Ey, ey, ey. _dijo con la voz más suave y tierna que pudo. _ ¿Qué sucede?
Ella levantó sus ojos vidriosos hacia su interlocutor. No era quién esperaba, solo era un desconocido que había sentido pena por ella.
Sorbió por la nariz y abrazó sus piernas, haciéndose casi una bolita. Quería pensar que si se apretaba fuerte, los trocitos de su corazón roto se pegarían unos con otros.
_ Nada. _ susurró. _Un mal día en un mal mes en un mal año.
Sin saber por qué, aquella respuesta hizo sonreír al muchacho, formando hoyuelos en sus mejillas. Pasó su brazo por los hombros de la chica, que tenía la mirada perdida en algún punto de la carretera. La estrechó contra él.
_ Tempus fugit
Dicho esto, el chico se levantó, dejándola sola. Ella lo observó alejarse. Tempus fugit. Al desaparecer de su vista, se quedó un rato pensando. El desconocido tenía razón. Tempus fugit. Ya no lloraba.
Se levantó, se sacudió el polvo y la suciedad de la calle de su pantalón y se dispuso a luchar contra todo aquello que la aterrorizaba.

Estaba embarazada.

martes, 11 de agosto de 2015

La Musa

Él era fotógrafo de exposición, de esos que captan las miradas pérdidas cuando su dueño no se da cuenta. El que busca diferentes perspectivas, el que imprime en papel el alma, de esos cuyas fotos te hacen sentir.
Viajaba por el mundo en busca de algo o alguien del que pudiese percibir algo especial y cambiase su mente. Hizo fotos al atardecer, al amanecer, a mediodía y a medianoche, cambiando la luz, el aire, la vegetación pero aún le faltaba algo. Magia.

Desayunando en una cafetería de barrio en Eksjö, un escalofrío le recorrió. Al principio no sabía la razón de tal sentimiento, lo achacó al frío del exterior; y, con exasperación, la buscó por todo el local. No le costó más de tres segundos darse cuenta de lo que le había llamado la atención de forma subconsciente: eran unos ojos. Eran negros, como nunca antes había visto, y más brillantes que un diamante. Residían en una cara pálida, suave, como de marfil; coronada por una melena negra que se acomodaba por la espalda de una chica preciosa en forma de trenza de espiga. No pudo evitarlo, sacó su cámara de la funda y la fotografió.
Luego, con vergüenza y temor, se acercó a ella y le enseñó la foto en la pantalla luminosa. La primera reacción que atravesó sus ojos fue de miedo, pero al verse a sí misma a través de los ojos del muchacho no pudo evitar sonreír.
Él la había convertido en arte, en algo bohemio, duradero; en belleza a través de una simple foto.

Basado en hechos reales.

Las mejores fotos son las que no te esperas, las que solo captan la esencia del momento.