No suelo escribir sobre cosas alegres, pero a veces lo intento.
Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia (o mala leche).

domingo, 28 de septiembre de 2014

"Rarezas"

Capítulo 5

Una vez en el gimnasio pude verla sentada en las gradas. Las manos no paraban de sudarme y sentía a mi corazón queriendo escapar de mi pecho. Joder, Sophie, no me dejes.
Me senté a su lado, con la cabeza gacha y sin mediar palabra. Sabía que mientras mirara mis zapatos, el corazón se mantendría en la caja torácica.
_Hola. _susurró. _Este día tendría que llegar alguna vez, ¿no crees?
Silencio.
_ ¿Tú me quieres? _su voz se rompió en cachitos. Tuve que mirarla, observar sus ojos cristalinos al borde de las lágrimas.
_ Claro que sí. _dije sin parpadear.
Vaya forma de decir mi primer te quiero.
_ ¿Y por qué te avergüenzas de mi? _alzó la voz y sus mejillas se llenaron de gotitas.
Mi sorpresa fue inmensa. Por supuesto que no me avergonzaba de ella, era la mujer más perfecta del mundo.
_No lo hago... _mi réplica fue apenas un murmullo.
_¿Y por qué no quieres que estemos juntos?
Caí al vacío, despacio, la oscuridad me absorbió. Me incliné sobre mis rodillas y me tapé la cara con las manos.
Esperó mi respuesta entre sollozos.
_ Tengo miedo. _dije sin mirarla. _Tengo miedo de mis padres, de los compañeros, del resto de la gente. Me juzgarán, me mandarán al infierno, nos señalarán por la calle y se reirán de nosotros.
Me giré para ver su reacción.
Sus ojos estaban abiertos de par en par y me miraba con sorpresa. Miró el suelo y se mordió el labio inferior. En ese momento supe que la había decepcionado.
_ Si sigues pensando así, no tenemos futuro. No sé por qué pierdo el tiempo contigo.
Mi corazón ya no quería escapar, ahora quería morirse. Se levantó y se dispuso a irse. Le agarré el brazo, tenso de la rabia, me levanté y la abracé.
_ Perdóname... _dije al borde de la desesperación.
Ella me devolvió el abrazo.
_ Espero poder hacerlo algún día.
Se separó de mí sin mirarme a la cara, sin llorar, ni mostrar emoción, y desapareció tras la puerta del gimnasio.
Caí al suelo y dejé que la tristeza me absorviera y recubriera cada parte de mi cuerpo. Escuché pasos acercarse a mí desde la zona de vestuarios. Me giré, empapado en lágrimas, y vi a Charlie.

Sonreía. Hijo de perra.
Joder, pensaba que estaba preparada.
Nunca me habían arañado tanto el alma como hiciste tú.

Me mentiste a la cara y pese a que intenté no creerte, me convenciste. Maldito capullo, me tragué tus engaños y mi orgullo porque te encaprichaste de mí.
No me malinterpretes. No me arrepiento de estar contigo.

Sin embargo, preferiría que no me hubieras llenado la cabeza de tonterías.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Otoño

Disfrutar el otoño no es difícil, es simplemente admirar las pequeñas cosas. 
Por ejemplo, el agradable tiempo que nos deja, las hojas caídas y su adictivo crujido al pisarlas, sus noches de lluvia con su inevitable olor a tierra mojada por las mañanas, el té caliente, los paseos con las caricias del sol (y de otro posible acompañante), empezar algo nuevo, mejorar lo viejo, ponerte las primeras sudaderas...
Por eso el gris otoño tiene magia.

martes, 23 de septiembre de 2014

En aquella oscura habitación, donde solo entraban unos dulces rayos de mediodía a través de la persiana, ella confesó su secreto más oculto: el por qué de llevar siempre camisetas largas, el miedo a enseñar la piel, la razón por la que dice tener un gato un poco arisco con uñas demasiado largas.
A través de esos dulces rayos, se levantó las mangas de su camiseta negra dejando al descubierto sus brazos y, con ellos, sus cicatrices.
Las lágrimas recorrieron sus mejillas rojas de vergüenza. Miles de pequeñas rajas adornaban sus antebrazos y, cada una, representaba una decepción.
Los ojos del interlocutor se abrieron como platos, no podía imaginar que ella hubiera sufrido tanto.
Con cuidado, tomó sus muñecas entre sus manos y las acercó a sus cálidos labios, sellando esas heridas para siempre con un beso. Cálidos y dulces como rayos del mediodía.
Un aplauso a todas aquellas personas que convierten el mundo en un lugar un poco más rastrero.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Gracias.

Gracias por aparecer.
Gracias por querer conocerme.
Gracias por reírte conmigo y nunca de mí.
Gracias por los abrazos.
Gracias por una verdadera amistad.
Gracias por ese beso robado.
Gracias por enseñarme que amor sin dolor es posible.
Gracias por las nuevas experiencias.
Gracias por hacerme sentir única y especial.
Gracias por aquel "te quiero".
Gracias por engañarme.
Gracias por hacerme sentir inútil y fácil de sustituir.
Gracias por volverme fría.
Gracias por taladrarme el corazón.
Gracias por dejar que me fuera.
Gracias por irte para no volver.

Egocéntrico

Ser egoísta es malo, sin duda. Nos lo inculcan por todas partes, pensar sólo en sí mismo es cruel (pese a que muchos, muchísimos lo hagan), pero ¿hasta qué punto debemos ser altruistas?
El humano es un ser social, por lo que necesita del resto para subsistir así que, ¿si mi entorno es feliz, yo también lo seré? Posiblemente; si todos a tu alrededor sonríen, puede que tú también lo hagas. ¿Pero, y si tu felicidad dependiese de la gente ajena a ti?
Quizás lo correcto sería aprender a obtener nuestra propia fortuna sin necesidad de nadie más.
Quizás el egoísmo nos puede servir para crecer como personas siempre y cuando no olvidemos que no somos el centro del mundo.
Quizás para ayudar a buscar tu felicidad primero tengo que encontrar la mía.

martes, 2 de septiembre de 2014

AGUA PARA ÁFRICA


Anonadada, los ojos se le inundaron al ver que tenía demasiadas cosas en común con aquella chica.

Tal vez os preguntéis qué clase de coincidencias podrían tener para hacerla llorar; 

es fácil, tenían al mismo novio.