Disfrutar el otoño no es difícil, es simplemente admirar las pequeñas cosas. Por ejemplo, el agradable tiempo que nos deja, las hojas caídas y su adictivo crujido al pisarlas, sus noches de lluvia con su inevitable olor a tierra mojada por las mañanas, el té caliente, los paseos con las caricias del sol (y de otro posible acompañante), empezar algo nuevo, mejorar lo viejo, ponerte las primeras sudaderas...
Por eso el gris otoño tiene magia.
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