Capítulo 5
Una vez en el gimnasio pude verla sentada en las gradas. Las manos no paraban de sudarme y sentía a mi corazón queriendo escapar de mi pecho. Joder, Sophie, no me dejes.
Me senté a su lado, con la cabeza
gacha y sin mediar palabra. Sabía que mientras mirara mis zapatos,
el corazón se mantendría en la caja torácica.
_Hola. _susurró. _Este
día tendría que llegar alguna vez, ¿no crees?
Silencio.
_ ¿Tú me
quieres? _su voz se rompió en cachitos. Tuve que mirarla, observar
sus ojos cristalinos al borde de las lágrimas.
_ Claro que sí.
_dije sin parpadear.
Vaya forma de
decir mi primer te quiero.
_ ¿Y por qué
te avergüenzas de mi? _alzó la voz y sus mejillas se llenaron de
gotitas.
Mi sorpresa fue
inmensa. Por supuesto que no me avergonzaba de ella, era la mujer más
perfecta del mundo.
_No lo hago...
_mi réplica fue apenas un murmullo.
_¿Y por qué no
quieres que estemos juntos?
Caí al vacío,
despacio, la oscuridad me absorbió. Me incliné sobre mis rodillas y
me tapé la cara con las manos.
Esperó mi
respuesta entre sollozos.
_ Tengo miedo.
_dije sin mirarla. _Tengo miedo de mis padres, de los compañeros,
del resto de la gente. Me juzgarán, me mandarán al infierno, nos
señalarán por la calle y se reirán de nosotros.
Me giré para
ver su reacción.
Sus ojos estaban
abiertos de par en par y me miraba con sorpresa. Miró el suelo y se
mordió el labio inferior. En ese momento supe que la había
decepcionado.
_ Si sigues
pensando así, no tenemos futuro. No sé por qué pierdo el tiempo
contigo.
Mi corazón ya
no quería escapar, ahora quería morirse. Se levantó y se dispuso a
irse. Le agarré el brazo, tenso de la rabia, me levanté y la
abracé.
_ Perdóname...
_dije al borde de la desesperación.
Ella me devolvió
el abrazo.
_ Espero poder
hacerlo algún día.
Se separó de mí
sin mirarme a la cara, sin llorar, ni mostrar emoción, y desapareció
tras la puerta del gimnasio.
Caí al suelo y
dejé que la tristeza me absorviera y recubriera cada parte de mi
cuerpo. Escuché pasos acercarse a mí desde la zona de vestuarios.
Me giré, empapado en lágrimas, y vi a Charlie.
Sonreía. Hijo de perra.
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