No suelo escribir sobre cosas alegres, pero a veces lo intento.
Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia (o mala leche).

martes, 18 de agosto de 2015

Hoyuelos

Ella se tapaba la cara con sus delgadas manos, escondiendo las lágrimas que hacían que su respiración fuese entrecortada. Estaba sentada en la acera, con las piernas cruzadas y el alma de luto. A su lado, de pie, estaba un chico con pelo despeinado y cabeza desordenada. La miraba impasible, como quien ve caer la lluvia, sin ningún tipo de emoción en su cara pero sí en su corazón. Se sentía mal por aquella pequeña chica que parecía perdida en medio de una tormenta. No pudo evitar hacerle compañía sentándose a su izquierda.
_ Ey, ey, ey. _dijo con la voz más suave y tierna que pudo. _ ¿Qué sucede?
Ella levantó sus ojos vidriosos hacia su interlocutor. No era quién esperaba, solo era un desconocido que había sentido pena por ella.
Sorbió por la nariz y abrazó sus piernas, haciéndose casi una bolita. Quería pensar que si se apretaba fuerte, los trocitos de su corazón roto se pegarían unos con otros.
_ Nada. _ susurró. _Un mal día en un mal mes en un mal año.
Sin saber por qué, aquella respuesta hizo sonreír al muchacho, formando hoyuelos en sus mejillas. Pasó su brazo por los hombros de la chica, que tenía la mirada perdida en algún punto de la carretera. La estrechó contra él.
_ Tempus fugit
Dicho esto, el chico se levantó, dejándola sola. Ella lo observó alejarse. Tempus fugit. Al desaparecer de su vista, se quedó un rato pensando. El desconocido tenía razón. Tempus fugit. Ya no lloraba.
Se levantó, se sacudió el polvo y la suciedad de la calle de su pantalón y se dispuso a luchar contra todo aquello que la aterrorizaba.

Estaba embarazada.

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