Creo que no hay don más bonito y más exclusivo que encontrar el arte en lo cotidiano. Lo que es convertir un frutero en naturaleza muerta, o crear con los dedos una melodía que emocione hasta el desgarro. Quizás una voz que te haga sentir la piel de pollo, o una interpretación de Julieta que te haga querer morir con ella de amor.
La casualidad, la maestría y la constancia crean tal don, y lo liman con esmero.
¡Qué curioso que siempre haya existido! Desde Da Vinci hasta la voz quebrada y sonido triste de guitarra del cantante callejero de la esquina. Unos con tanto, otros con tan poco; pero siempre con la estrella encima de sus cabezas, recordándoles que la magia que ellos poseen no la tiene cualquiera.

Ver las cosas de forma diferente, expresarlas como nadie más, sentirlas, vivirlas y, sobretodo, mostrarlas al mundo como arte; es uno de los mayores dones que te han podido tocar.
Explótalo.
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