No suelo escribir sobre cosas alegres, pero a veces lo intento.
Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia (o mala leche).

martes, 8 de diciembre de 2015

Pecho de mantequilla, corazón de porcelana (2)

Cuando te rompen el corazón. N=1

Cuando te rompen el corazón te sientes frágil. Eso es una verdad tan cruel y fría como la realidad; y ciertamente tiene su lógica.
De pronto, el músculo que reside dentro de tus costillas se vuelve de fino cristal y todo el envoltorio que lo rodea se debilita hasta acabar deshaciéndose. Por eso da la sensación de mantequilla que se va derritiendo, hasta dejar que la gravedad de tu alma rota caiga contra el suelo por su propio peso. Con el calor humano (un abrazo, un beso) la mantequilla se vuelve blanda, dejándote expuesta a romperte.
Qué duro, ¿verdad?
Esa extraña frase, para mí, define al dedo como te sientes.
Y tras todo eso, debes coger los pedacitos que quedan de ti y volverlos a pegar, posiblemente, con lágrimas en los ojos y amargo sabor en los labios que ya no son besados.
¿Cuánto se tarda en recuperarse? 
Ojalá supiese la respuesta o hubiese una media o alguna medida. 
Tal vez sea como dice Sabina,
diecinueve días
y quinientas noches. 

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