No suelo escribir sobre cosas alegres, pero a veces lo intento.
Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia (o mala leche).

domingo, 1 de febrero de 2015

Amor

Miraba su sonrisa como un niño que ve por primera vez el mar.
Me recreaba observando sus delicadas manos cogiendo su libro preferido, con los ojos enterrados en él y con la mente volando hacia no sé dónde.
Es increíble como solo una persona puede hacerte sentir tan único y poderoso, feliz y frágil.


Solo con un cruce de miradas fue suficiente para saber que era ella; con su pelo rubio cayendo por sus hombros y su risa fácil que precedía a un roce de labios. En esos momentos tenía (y tengo) la certeza de que las mariposas pueden vivir dentro de mi estómago al saber que al llegar a casa, ella estará, con su café en la mesa y los ojos enterrados en su libro favorito.

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