No suelo escribir sobre cosas alegres, pero a veces lo intento.
Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia (o mala leche).

viernes, 27 de mayo de 2016

Manías

Cada vez que me acuerdo de mis muertos me beso el dedo índice de la mano izquierda. No sé muy bien la razón de ser de ese movimiento, solo sé que necesito hacerlo. Se ha convertido en una manía.
Cuando la sonrisa de mis abuelos llega a mi mente, como si de un acto reflejo se tratase, me acaricio el dedo con los labios, pareciendo una promesa secreta. Quizás inconscientemente me crea el príncipe encantador y que mi amada Blancanieves despertará con ese beso. Quizás.
O tal vez sea solo una forma de homenajearles, de decir que los quiero... Y que los echo de menos.
Si hay un más allá, me gustaría que me viesen y se sintiesen orgullosos de la vida que estoy construyendo. O más bien derribando. Siempre se me ha dado mejor lo segundo.
Y si me podéis escuchar o leer, me gustaría que supieseis que os admiro, que ojalá pueda volver a veros y que GRACIAS (así, en mayúsculas) por formar parte de mí, por tener parte de vosotros conmigo, como si fuese el monstruo de Frankestein.
Gracias una y mil veces más.
Os quiero, N. y M.

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