Cuando la sonrisa de mis abuelos llega a mi mente, como si de un acto reflejo se tratase, me acaricio el dedo con los labios, pareciendo una promesa secreta. Quizás inconscientemente me crea el príncipe encantador y que mi amada Blancanieves despertará con ese beso. Quizás.
O tal vez sea solo una forma de homenajearles, de decir que los quiero... Y que los echo de menos.
Si hay un más allá, me gustaría que me viesen y se sintiesen orgullosos de la vida que estoy construyendo. O más bien derribando. Siempre se me ha dado mejor lo segundo.
Y si me podéis escuchar o leer, me gustaría que supieseis que os admiro, que ojalá pueda volver a veros y que GRACIAS (así, en mayúsculas) por formar parte de mí, por tener parte de vosotros conmigo, como si fuese el monstruo de Frankestein.Gracias una y mil veces más.
Os quiero, N. y M.
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