Siempre vuelvo, como un asesino que vuelve al lugar del crimen. Para el desahogo, para deshacerme de las musas; y para deshacerme de ti con el alma hecha añicos gracias a nosotros; gracias a lo que construimos y lo que ahora está más roto que mi corazón.
Había olvidado por completo esta terapia, me había refugiado en hablar sola por mi cuarto con los ojos borrosos de lágrimas, contando a mis monstruos las atrocidades que mi mente siente.
Y ahora nada de lo que escribo tiene sentido, porque lo que hago tampoco lo tiene, ando como pollo sin cabeza. A veces quiero decir tanto que digo poco.
Bueno, supongo que cada persona tiene una forma de autodestrucción: los hay que fuman, que beben, que no disfrutan o que disfrutan en exceso. La mía es pensarte, pero no es novedad, mi cuerpo se ha acostumbrado a lesionarse recordando tus ojos. Duele. Me consuela saber que cuanto más te destroza más real fue, más nos besamos, más te grité y más me odiaste.
¿Me odiarás ahora? Quizás. Me da igual, yo a ti te perdonaría todo.
Incluso que me dijeses que nunca me amaste, incluso si me haces vudú a escondidas.
Lo quise todo contigo, incluso esto. Todo es todo.
Sigue habiendo belleza en este dolor dentro de mi pequeño pecho de mantequilla que guarda un corazón de porcelana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario