No suelo escribir sobre cosas alegres, pero a veces lo intento.
Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia (o mala leche).

lunes, 10 de diciembre de 2012

Amor de verano, anormal de siempre

He aprendido que las cosas que van rápido terminan pronto.
Igual que un amor de verano. Todos pensamos que un amor de verano es perfecto e intenso; como comer tu plato favorito sabiendo que no lo vas a volver a probar. Saboreas. Lo disfrutas. Pues eso sucede, saboreas cada instante pero entonces, como dice Hache en 3msc: llega el puto invierno.
Y entonces te das cuenta. Te despiertas; tu plato ya no está. Con suerte algún día lo volverás a probar pero, ¿y mientras? Mientras recordarás ese sutil amor, vendrá a tu cabeza cuando te sientas solo.
Y recordarás aquel fugaz verano en el que, por unos pocos meses, aprendiste a amar de verdad.

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