Obviamente, si vas dando tal regalo a diestro y siniestro, lo más seguro es que algunos lo rompan, no sepan como usarlo o lo valoren demasiado poco.
Por eso la confianza debe ganarse día a día, luchando para conseguir la recompensa más bonita que te pueden dar: la certeza de que quien tienes enfrente es de fiar.
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