Dedicamos nuestra vida y esfuerzo a un bien común: alimentar a nuestra reina. Pero, ¿quién es nuestra reina? ¿La sociedad que tanto odiamos? ¿El capitalismo? ¿Los escasos ricos?
Andamos frenéticamente, buscando algo inexistente, ya que nunca paramos ese ritmo.
Pero hay algo que nos diferencia de ellas, las hormigas hacen todo por algo, no desaprovechan ni un solo movimiento. Nosotros, sin embargo, hacemos cosas sin sentido, creyéndonos dueños de un lugar llamado mundo. Construimos, destrozamos, matamos a diestro y siniestro, sin piedad, hundidos en nuestro enorme ego. Y todo, ¿para qué?
El hombre es el único ser vivo capaz de conseguir su autodestrucción y la de el resto.

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