No suelo escribir sobre cosas alegres, pero a veces lo intento.
Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia (o mala leche).

domingo, 26 de abril de 2015

I put on some make up

Lunes: suena el maldito despertador y lo apago tirándolo al suelo. Del golpe, se salen las pilas y deja de escucharse ese estúpido ring ring.
Me levanto despeinada y me miro en el espejo de pie. Cada día me siento peor conmigo misma. Me pongo algo de maquillaje y finjo que el sol aún sonroja mis mejillas.

Martes: hoy, quiero verme como Angelina Jolie. Pinto mis labios de rojo y rozo mis párpados con una sutil sombra negra.

Miércoles: las flores llenan los parques, me apetece ser hippie. Aliso mi pelo y pongo colores pálidos en mi grisácea cara.

Jueves: quiero sentirme con ganas de marcha. Delineo mis ojos con colores fuertes y rizo mis mechones. Tocan tacones de fiesta.

Viernes: en esta resacosa mañana quiero ser como una estrella de Hollywood. Me pongo unas gafas enormes, un pintalabios de color claro y finjo que me he vestido con lo primero que he visto en el armario y que, casualmente, queda genial.

Sábado: esta tarde me apetece ser Marilyn Monroe. Me vuelvo a rizar el pelo, obviamente dañado, señalo mis labios del rojo más intenso que encuentro y en ellos pinto una sonrisa.

Domingo: tras la ducha, me asusta mirarme al espejo. Ya no sé cómo soy sin un poco de maquillaje, con mi pelo natural y mis ojeras eternas. Al reflejarme en él, sin más que la ropa interior, me doy cuenta de que he estado obsesionada intentando dar lo mejor de mí en una rutina vacía donde lo único que me da razones para levantarme cada mañana es el estúpido ring ring del despertador.

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