¿Es posible enamorarse de un país?
Tranquilos, sé que no todos los caminos llevan a Roma, pero seguramente deberían.
Imagínate perderte por esas calles llenas de vida y mafia, pasiones y césares. En cada esquina una sorpresa y en cada mejilla un beso. A eso me recuerdas Roma, al amor más profundo, sangriento y puro; me sabes a tierra e historia, a venganza y leones.
Caminémos por esas calles de la mano, gritáme: bella, bellísima y deja que vea en tus ojos reflejada la Fontana di Trevi mientras pido un segundo deseo: un amor en Roma.
¿Y Florencia? Ciudad de flores, de magia y de sueños. Asfalto de piedras donde miles de años atrás correteaban niños con túnicas.
Cómprame una máscara y yo te regalaré una capa para poder bailar en las calles de Venecia en pleno carnaval.
Rememoremos Pompeya, veamos las caras de los ciudadanos convertidas en piedra e intentemos imaginar cómo sería el último día de su vida.
Por eso no todos los caminos deberían llevar a Roma, sino que nos transportan a todas las ciudades de las que nos podemos enamorar en Italia, enfermos de su intensidad y rudeza.
2 comentarios:
Hola, me sigues y te sigo?
http://lavidapoquitoapoco.blogspot.com.es/
Claro :) Faltaría más!
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