No suelo escribir sobre cosas alegres, pero a veces lo intento.
Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia (o mala leche).

domingo, 31 de enero de 2016

18:27

Now we're left here in the pain
Black suit, black tie standing in the rain
Creo que no hay forma bonita de escribir este tipo de cartas. Tal vez sean innecesarias porque quien quiero que la lea no lo hará jamás, no hay receptor. Y eso es triste y frustrante porque nos quedaron tantas riñas en el tintero.
Me hiciste tantas veces llorar que ahora me cuesta tanto que solo quiero volver a gritarte, echándote en cara que ahora quién me hará pajaritas de papel y me reñirá porque todo lo hago mal. Ahora, que tu sillón está frío, ¿a quién intentaré cuidar recibiendo a cambio refunfuños y miradas de exasperación?
Lo peor es que ninguno se puso en tu piel, ni siquiera yo, no me voy a echar flores por nada.
No vimos el terror que tenías ni cómo pedías ayuda en silencio mientras apartabas cada mano amiga de tu lado. Pero no te preocupes que ahora me toca a mí cuidarla y tenerla como una reina, sin olvidar jamás las manzanillas y lo mucho que la amabas. Le contaré mil historias de amor, basadas, cómo no, en su realidad más olvidada.

¡Qué raro se me va a hacer no verte!
¡Qué raro se te va a hacer a ti no dar por culo, pequeño refunfuñón cabezota! ¡Ya sé de quién saqué mi mal genio!
Y lo que te quise a ti y tú a mí, después de todo, solo nosotros lo sabremos.

Pdt: te prometo escribir sobre la más maravillosa historia de amor jamás contada.