No suelo escribir sobre cosas alegres, pero a veces lo intento.
Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia (o mala leche).

miércoles, 6 de enero de 2016

Muérdeme antes de que me vaya

Acabábamos de cenar.
Apenas había pasado media hora y yo sentía que había pasado un año; no uno normal, si no un bisiesto, en el que te ahogas por segundos y no por meses.
¡Qué cuesta arriba se me hace verte! Tu barba de tres días parece que se muere por enterrarse en mi cuello pero ambos sabemos que es mala idea, sin embargo aquí estamos, a veinte pasos de tu cama y a un cajón de la caja de condones.
¿Por qué tuviste la mala idea de invitarme a cenar? Sabes que me encanta como haces la pasta con queso.
¿Por qué acepté? Tal vez porque sabes que quiero ser tu postre.
Te miro en silencio mientras tú enredas tu tenedor en los espaguetis como enredabas tus manos en mi pelo.
Tras meses sin ti, la vida se me había hecho insípida; pero nuestras discusiones eran como un salero roto. Tenías exceso de mí y yo de ti.
Bajo mis ojos al plato con restos de queso fundido y palabras no dichas. Aquí estamos. Quedamos en vernos para suicidarnos en el hecho de que ya no estamos juntos, en que mañana cojo el avión y tú el tren para volver a estar separados durante a saber cuánto.
Te metes los últimos espaguetis en la boca y espero a que te los tragues para decir que me voy, que me encantó verte y saber que podemos ser amigos después de todo.
Por ello, muérdeme antes de que cruce la puerta, antes de que mis ojos miren a través de la ventana deseando huir. Muérdeme, detenme. Oblígame a quedarme esta noche, obliga a mis mariposas a ahogarme y destruirnos. Como antes, cuando enterrabas tu barba de tres días en mi cuello.


J'aime tes larmes quand tu aime
Ta sueur le sang, rendons nous amants qui se passionne, qui se saigne
Je ne donne pas long feu a nos tragédies, à nos adieux. -Tryo.
 


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