No suelo escribir sobre cosas alegres, pero a veces lo intento.
Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia (o mala leche).

viernes, 19 de abril de 2013


Había una vez un campesino gordo y feo 
que se había enamorado (¡cómo no!)
de una princesa hermosa y rubia.
Un día, la princesa (a saber por qué)
le dio un beso al feo gordo campesino...
Y, mágicamente, éste se transformó
en un esbelto y apuesto príncipe...
(Por lo menos, así lo veía ella.)
(Por lo menos, así se sentía él.)

No hay comentarios: