No suelo escribir sobre cosas alegres, pero a veces lo intento.
Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia (o mala leche).

miércoles, 12 de junio de 2013

Tú y él.

Tú me quieres, él no. Tú darías todo por mi, mientras que él apenas me regalaría una palabra.
Tú eres bueno para mí, eres lo que yo necesito. Pero él no.

Pese a todo esto, entiende que lo que siento por él no es lo que siento por ti. Tal vez puedas comprarme rosas, pero él... En fin, es él.
Es imperfecto, como tú. Con su sonrisa de medio lado y sus ideas idiotas. Como tú. Pero él me hace sentirme de otra forma; como si volara, como si nada pudiese detenerme. Como si solo estuviésemos su sonrisa y yo. 

Y nunca me trató bien, ni cuando confié. Pero si me viene pidiendo perdón, sin duda lo perdonaré. Y si me suplica volver, tal vez ni me lo piense dos veces. Tal vez cometa el error más grande de mi vida.
Y lo peor sería perderte.

Porque si él me habla, mi día se convierte en una espiral de felicidad y tristeza. 
Felicidad porque lo quiero. Tristeza porque no sé vivir sin él.
Quisiera gritar que te quiero a ti, sin peros, sin complicaciones, aunque no es así. No puedo mentirte.
No te quiero a ti, le quiero a él. Él es mi droga. Ayúdame. 

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