No suelo escribir sobre cosas alegres, pero a veces lo intento.
Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia (o mala leche).

viernes, 20 de septiembre de 2013

Microcuento

TRISTE

Sorbió por la nariz, tumbada en su cama revuelta.
Era la quinta vez que lloraba aquella noche. No podía dormir. Dejó de abrazar aquel mullido cojín para mirarse en el espejo de su cuarto.
Ahí estaba su reflejo. Estaba irreconocible. Ella, que siempre había sido una princesa, se veía desfigurada, aturdida y perdida.
Un torrente de lágrimas volvió a correr por su rostro.
_ ¿Qué he hecho?_ se preguntó a sí misma a través del cristal.




ALEGRE

_Oye, ¿puedo preguntarte algo?
_Claro, dime_  dijo él con su sonrisa dulce.
_¿Qué necesitas para ser feliz?
_Sólo una cosa..._ hizo la pausa dramática que a ella tanto le molesta.
_Venga, dilo ya_ empezaba a ponerse nerviosa, como siempre.
_Pero es que es una cosa realmente cursi. ¿De verdad quieres oírlo?
_Por supuesto, venga, escúpelo ya. Estaré preparada.
_Lo único que necesito para ser feliz es... a ti.
Realmente, ella no estaba preparada para una respuesta tan empalagosa. Sus mejillas se enrojecieron.
_Vaya... ¡Eso es demasiado cursi! _dijo entre risas nerviosas.
Después, como era de esperar, se besaron. Es lo que ocurre cuando están hechos el uno para el otro.

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