Capítulo 3
Nos salía bastante bien fingir ser solo amigos. Iba a su casa y ella venía a la mía casi a diario; y las tardes se llenaban de besos y risas, charlas y películas. La vida nos sonreía.Sin embargo, en el colegio los rumores empezaron a hacerse notar ya que nuestros compañeros consideraban extraño que no tuviéramos pareja y que ni siquiera mostráramos interés en tenerla.
Todo aquello era soportable hasta que llegó un fatídico catorce de febrero. Nunca le dí demasiada importancia a aquel día, hasta que un chico se me declaró. Éramos amigos desde hacía tres años y me caía muy bien, pero no podía imaginar que pudiera declararme su amor. Supuestamente todo indicaba a que seríamos la pareja perfecta, pero claro, "supuestamente" mi condición sexual era homosexual. Me entregó una caja de bombones con una carta confesándome sus sentimientos en medio del descanso entre una clase y otra. Simplemente cogí el regalo y le prometí hablarlo a final de las clases.
En cuanto tuve un momento se lo conté a Sophie, que me dio unos consejos para no ser demasiado duro con él; pero mis nervios estaban a flor de piel.
Llegó la hora tan poco deseada y nos reunimos en las canchas de baloncesto.
_Charlie... _me dolía pronunciar su nombre. _No puedo aceptar tu regalo.
Sus ojos, que al inicio del encuentro eran amigables y llenos de esperanza, se tornaron oscuros.
_ ¿Por qué no?
_ Es que... Yo... No siento... No creo que... debamos empezar una... relación..._ no era ni consciente de lo que estaba diciendo, no podía mirarle a la cara, solo le di la caja y la carta.
_ Entiendo. _murmuró. Su voz sonaba tan rota, tan triste que no pude quedarme sin decirle nada.
_No es por ti, Charlie, es por mí.
_No me vengas con tópicos, si no te gusto es porque el problema lo tengo yo. _su voz era enfadada.
_De verdad, créeme. El problema lo tengo yo. Yo soy el problema, yo no soy... _alto, ¿qué iba a decir? _No quiero una relación ahora. _dije, sin mucha seguridad.
Vi en sus ojos algo que no le cuadraba de mi explicación, sin embargo no me dijo nada, simplemente se fue.
Al llegar a mi casa mis padres notaron mi malestar y se atiborraron a preguntarme, pero yo insistía en no soltar prenda.
La única que sabe cómo me sentía en aquel momento fue Sophie, que intentó tranquilizarme viniendo a mi casa. Pero ni ella ni yo sabíamos lo que se nos presentaba desde aquel momento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario