_No lo volveré a hacer.
Aquellas palabras resonaron en su cabeza con un eco que no parecía acabar nunca. Le costaba pensar, se sentía pesada, como si cada movimiento requiriera mucho esfuerzo.
Solo pudo mirarlo con los ojos empañados de amargas lágrimas y sollozar un sutil ¿me lo prometes?
La abrazó con dulzura y le susurró el típico: claro, princesa, por ti lo que sea.
Y ella volvió a creerlo, a pesar del ojo morado y la sangre del labio por la paliza recibida.
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