No suelo escribir sobre cosas alegres, pero a veces lo intento.
Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia (o mala leche).

sábado, 30 de agosto de 2014

"Rarezas"

Capítulo 4

El rumor de que Sophie y yo éramos más que amigos se fortaleció hasta tal punto que decidimos dejar de estar juntos en público. Fingimos un enfado, pero sentíamos que cualquier paso en falso podría mandar nuestra cuartada a la basura.
Nuestras visitas por la tarde se redujeron drásticamente y mis padres me volvieron a machacar a preguntas.
Para evitar mentiras les dije que ya no nos enténdiamos como antes; lo que en parte era cierto, porque ella no veía problema en hacer pública nuestra relación.
Pero ¿qué pensarían mis padres? Su hijo un heterosexual, una causa de vergüenza. Seguramente se culparían por ello, de su forma de educarme o de problemas en el colegio. Tal estrés me afectó en las notas y en mi relación con mis amigos. Mi rutina se basaba en ir al instituto, quedarme embobado en clase pensando en ella, volver a casa y encerrarme en mi cuarto.
Sophie estaba enterada de todo esto y aparentaba que no le importaba, o eso creía yo. Hasta que una mañana, al abrir mi estuche, encontré una nota con la letra de mi chica especial.
Hoy, a la salida, en el gimnasio. Tenemos que hablar.
Lo que faltaba. Mis esperanzas se fueron por el desagüe, estaba convencido de que nuestra extraña historia de amor se iba a acabar para siempre.
Las horas pasaron interminables, con un nudo en el estómago y un apetito nulo. 
Los últimos minutos mi ansiedad aumentó y cuando tocó el timbre sentí que caía al vacío. Tuve que ir al baño a echarme agua en la cara. Respiré profundamente y me dirigí al sitio acordado.
Tal vez ni en mis peores pesadillas podría averiguar lo que iba a pasar a continuación.

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