No suelo escribir sobre cosas alegres, pero a veces lo intento.
Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia (o mala leche).

domingo, 3 de agosto de 2014

Hay días que amanecen con llover y hay otros en los que hago de todo por volverte a ver

Jamás conseguiré la paz absoluta si mi mente vive en pecado, en el pecado de verte, de olerte y de sentirte. Todos los demonios me absorben y me suplican que haga cosas "no buenas" para fundirme en lo cálido de tus labios, sintiendo el vértigo y el naufragio de tu cuerpo.
Disfrutar las tempestades, la falta de oxígeno y el miedo de perder la batalla para acabar agotada en tu orilla donde, al fin, puedo descansar.
Y es ese el lugar en el que encuentro algo similar a la paz con el toque salado del remordimiento, porque he vuelto a caer en el dulce balanceo de tus olas, hipnotizada por tus mareas.
Pero no todo es tan malo porque, habiendo perdido todo, me quedas tú aunque solo sea para los ratos en los que te sientes solo y necesitas destrozar el alma de alguien.

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