No suelo escribir sobre cosas alegres, pero a veces lo intento.
Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia (o mala leche).

martes, 27 de enero de 2015

Abro los ojos y toca pensar que ya no estás en mi vida.

Tras cientos de bailes bajo la luna, miles de besos y abrazos, confesiones y peleas todo murió.
No sé como pasó. ¿Te rendiste? ¿O acaso fui yo? ¿Tal vez ambos?
La ilusión se perdió y con ella, la esperanza de arreglarlo. Ni siquiera hubo despedida, solo un adiós progresivo que ni siquiera sabíamos que estábamos usando.
Se acabó, como se acaban las películas y los libros, pero jamás pensé que gastaríamos las ganas de querernos.
Y aunque te fuiste, te sigo esperando para tomar un último café, bailar otra vez bajo la luna. Pero no estás ni volverás. Y duele.
Ahora toca coger todos los pedacitos de corazón roto y encerrarlos en una caja. Espero que se cure solo, porque no hay pegamento que sirva para arreglar lo que la decepción deja.



Texto inspirado en Hoy voy a darte, de Tatishé.

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