No suelo escribir sobre cosas alegres, pero a veces lo intento.
Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia (o mala leche).

martes, 20 de enero de 2015

Ojos negros

Sus ojos eran negros, tan oscuros que no se distinguía la pupila del iris. Tenían magnetismo aunque no fueran nada del otro mundo. Solo negros.
Pero cuando te miraba fijamente, podías sentir que eran especiales. Te atravesaba un escalofrío, como si esa mirada fuera la de Medusa y te petrificara.
Incontables veces me quedé absorto perdiéndome en ellos, en silencio, simplemente dejándome llevar. Pocos saben la magia que se esconde tras los párpados. Ellos te absorben como si viajaras al espacio y te quedaras flotando a gravedad cero. Puedo percibir algo que nunca he sentido antes, similar al miedo, porque me deja sin oxígeno volando tan alto que una caída podría matarme.
Se esconde en ellos la inmensidad de los sentimientos, una fuerza aterradora, abrumadora, casi agobiante. Es energía, es poder, es fuego. Y asusta.

Pero qué más da, solo son un par de ojos negros.


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