No suelo escribir sobre cosas alegres, pero a veces lo intento.
Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia (o mala leche).

viernes, 1 de febrero de 2013

Dicen que a lo largo de nuestra vida tenemos dos grandes amores

 Uno de ellos es con el que te casas o vives para siempre. Esa persona con la que consigues la compenetración máxima para estar el resto de tu vida junto a ella, la que te complementa. 
Y también hay un segundo gran amor, una persona que perderéis siempre. Alguien con quien naciste conectado, tan conectado que las fuerzas de la química escapan a la razón y os impedirán, siempre, alcanzar un final feliz... Hasta que un día dejareis de intentarlo.
 Buscaréis a esa otra persona que acabaréis encontrando, pero os aseguro que no pasaréis una sola noche sin necesitar otro beso suyo, o solo discutir una vez más.
Os librareis de ese peso, dejareis de sufrir, conseguiréis encontrar la calma que otra persona os da, pero puedo asegurar que no pasará un día en que deseéis que estuviera ahí para perturbaros. 

Porque, a veces, se desprende más energía discutiendo con alguien a quien amas que haciendo el amor con alguien a quien aprecias.

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