No suelo escribir sobre cosas alegres, pero a veces lo intento.
Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia (o mala leche).

martes, 26 de febrero de 2013

The Walking Dead

Despiertas.
Abres los ojos y los notas legañosos, cansados e hinchados. Ves la luz por la ventana, debe ser más de medio día. Decides incorporarte y sientes un pinchazo en el cerebro. Te llevas la mano a la cabeza aunque eso no mitiga el dolor.
Miras a tu alrededor. El paisaje es propio de "The Walking Dead", todo el mundo tirado, en camas o en el suelo, rodeados de mantas en posturas muy extrañas, poco comunes y con la ropa aún puesta. Ni se quitaron los zapatos.
Decides levantarte, aunque tu equilibrio no está por la labor. Cuando lo recuperas, vas intentando esquivar a los zombies pero la verdad es que cuando los golpeas, ni se quejan. Curioso.
Bajas las empinadas escaleras con la sensación de caída inminente. Pero no te caes. Eso sí que es curioso.
Vas al baño, te mueres de ganas por ver tu cara. Te miras al espejo.
Lapiz corrido, ojeras inmensas, la boca pastosa, los labios resecos, pelo revuelto.
Sonríes a la zombie que hay en el espejo.
"Fue una buena fiesta"

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