No suelo escribir sobre cosas alegres, pero a veces lo intento.
Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia (o mala leche).

jueves, 28 de febrero de 2013

Sigo pensando en vos.

Recordé, sin querer, como era el tacto de tu piel y sin duda aún te llevo en vena.
Aún pienso en el día en el te dije que me iba y que era nuestra última tarde juntos. Y en como me miraste aquella vez. De esa forma tan peculiar tuya, de esa forma que te hiela la sangre.
Es invierno, el sol ya no nos quema. 
Y añoro escuchar tu voz, aunque posiblemente separarnos fuera lo mejor que podríamos haber hecho.
El verano se acabó, pero el tiempo vivido mereció la pena -jamás lo negaré-; pese a que nunca te conté que sentía lo nuestro incluso más que tú aunque no lo demostrara. Pero todo lo que te dije, absolutamente todo, era cierto: mis miedos, el destrozo que había sentido.
Duele que por poder rozarte una vez más me arruine la vida. 
Duele, intenso, tanto que te has quedado a vivir en mi pensamiento.


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