Poca gente malagueña recuerda el incendio que hubo por Marbella, Mijas y alrededores este verano.
Solo los más afectados recuerdan el olor a madera quemada, la ceniza que caía del cielo, esa impotencia bestial y ese agradecimiento a los que ayudaron.
Las hectáreas quemadas siguen estando bastante dañadas, pero la vida se abre paso entre tierra muerta.
Aunque solo hayan pasado unos cuantos meses, pocos se paran a pensar sobre aquel suceso que tanto dolor de cabeza nos dio a más de uno.
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