No suelo escribir sobre cosas alegres, pero a veces lo intento.
Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia (o mala leche).

martes, 19 de marzo de 2013

TE QUIEasdfghjamónconmelón

Los que mejor me conocen lo saben.

Odio las ñoñerías y las idioteces de enamorados, con sus palabras cursis y mierdas variadas; eso de no poder vivir el uno sin el otro en un mundo comercial en el que las rosas se regalan por docenas, y nestlé se hace de oro por estafar con una caja roja con forma de corazón.



Si alguien me decía te quiero, mis reacciones era tan variadas como patéticas.
Cuando era más pequeña optaba por ponerme color tomate, mirar al suelo y sonreír.
Con los años y la supuesta madurez que llega con ellos, aprendes que no todos los "te quiero" son de verdad y que los más reales son aquellos que recibes de quien menos esperas, de los únicos que no lo dicen así como así. Aún recuerdo ese al que respondí: ¡Sí hombre! ¡Los cojones!; y me quedé tan pancha, pese a que él me jurara que me estaba diciendo la verdad, que realmente me quería (nunca lo supe).
En definitiva, ¿por qué se dicen esas dos palabras con tanta frecuencia, si de verdad no se sienten? ¿Acaso no se merecen expresarse o decirse en un sitio especial a alguien realmente especial? ¿Por qué se desprecian?
Hasta que un día, en plena diarrea mental, caí en la cuenta de que yo no había dicho suficientes te quiero a las personas que ya no iban a estar a mi lado. Desde entonces, cuando lo siento, lo digo. 
Es raro. Me siento sincera en un mundo de malos actores.


No hay comentarios: