No suelo escribir sobre cosas alegres, pero a veces lo intento.
Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia (o mala leche).

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Esos días en los cuales solo quieres dormir, en los que a la mínima mandas al cuerno a todos.
En los que todo está de color mosca, en los que el optimismo muere.
Días como esos son los que estoy viviendo ahora.
No sé si serán las hormonas, la edad, la época del año o que realmente todo me sale mal. No hay esperanza en mi futuro porque los pilares que me sostenían me han dejado. Mi estructura se ha derrumbado y solo quedan los escombros de algo que nunca fue.
No soy, no seré más que eso. Desperdicios.
Y grito, grito lo más fuerte que puedo, pero nadie me oye. Es como si cayera en un pozo. Desciendo y desciendo, chillando, rogando ayuda. No la escuchan. No hacen nada.
La indiferencia de mi alrededor me ayuda a flotar en la oscuridad, aunque no hace que salga de ella.
Solo caigo. No es tan malo. Puedo sobrevivir aquí abajo.

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