No suelo escribir sobre cosas alegres, pero a veces lo intento.
Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia (o mala leche).

sábado, 7 de diciembre de 2013

Y despertó.

Se acababa de levantar y, como siempre, miró el móvil para ver su última conexión.
Que paranoica, pensó de sí misma, hace un año no era así. No le faltara razón. Había empezado a ser así desde su último beso y ella seguía esperando un buenos días o cualquier mísero detalle por su parte.
Como era costumbre en sus fines de semana, encendió el ordenador y se metió en Twitter. Como hacía más de una semana que no veía el perfil de su amor platónico, decidió meterse.
Se metió en sus favoritos.
Fue lo más inteligente que hizo desde que rompieron.
Vio los tweets que ella le había hecho hace más de un año y leyó los tonteos con otras.
Y despertó. Pudo entender como era esa persona que tanto quería y se dio cuenta de como la había usado para después, tirarla como un trapo viejo. Y se desenamoró. Fue instantaneo.
Recordó el dolor que él le había provocado y comprendió que si alguien sale de su vida, es por algo.
Es para mejor.

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