No suelo escribir sobre cosas alegres, pero a veces lo intento.
Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia (o mala leche).

martes, 17 de diciembre de 2013

Una nueva sensación recorrió todo mi cuerpo. Era inexplicable, puede que mágico, no sé. Lo único que puedo asegurar es que nunca sentí algo así antes.
Era como una oleada de placer que me sacudía tanto físicamente como psicológicamente, y que solo pedía más. Más y más, con una ferocidad insaciable.
Desde la punta del dedo del pie hasta cada cabello de mi cabeza se había evadido de la realidad. Los vellos se me pusieron de punta  y saboree el momento.
De pronto, todo eso desapareció, dejando como recuerdo la nostalgia de aquella sensación tan indescriptible.
Luego me sentí vacía. Se me había acabado el chocolate.

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