El 20 es el día internacional de la
felicidad y, dicho de forma redundante, feliz para mí.
Aunque no pueda estar presente, este
viernes es especial a todos los anteriores.
Hoy se celebra una boda
(bastante discreta, por cierto). No hay flores, ni iglesias ni
vestidos blancos, sedosos y largos. Esta vez no. ¿Sabéis por qué?
Esta vez, la boda que se celebra en el juzgado, es la de dos
hombres.
Tal vez los ingenuos (y los
homofóbicos) piensen que es algo extraño; dos personas del mismo
sexo, compartiendo cama, sueños, hipoteca, viajes, besos y, sobre
todo, amor. A todos aquellos que afirmen que es
"antinatural" os pregunto, ¿es pecado amar? ¿Cuántas veces habéis
deseado que alguien fuera vuestra mitad? ¿Y si esta es de "vuestra misma acera"?
¿Tenéis que vivir sufriendo para siempre por no compartir la
vida con quien realmente amáis?
Creo que no hay más valor que gritar
que quieres a alguien, que todos se enteren, y gritárselo a esa
persona en forma de susurro eterno.
Por todo esto, yo voto que todos los gays, lesbianas, transexuales y bisexuales inunden las iglesias, mezquitas y todo lugar que no los acepte por saber querer. Nadie debería ser discriminado por ello.
¿A caso está mal disfrutar de esa
palabra ambigua que encierra tantos quebraderos de cabeza como es el
amor?
Larga vida a vuestro matrimonio,
gracias por ser mi inspiración; y como siempre dices: si vas a
hacer algo, hazlo bien.
No me queda otra que sentirme increíblemente feliz al ver que dos personas que se quieren tanto puedan oficializar su relación.
Os quiero.

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