No suelo escribir sobre cosas alegres, pero a veces lo intento.
Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia (o mala leche).

domingo, 15 de marzo de 2015

Cuento para jugar

Una pareja de jóvenes se sienta a la mesa de un bonito restaurante.
Hacen una foto a su cena, a las rosas que adornan el mantel, a un beso suyo, a una vela e incluso al camarero. Responden a los mensajes de sus amigos y comprueban los likes que estos han dejado en su Instagram. Por último cambian su estado en Facebook y, por fin, dejan su teléfono a un lado.
Se produce un silencio incómodo en el que se estremecen al mirarse a la cara. Parece irónico que tengan tanto que decir a alguien tras la pantalla y en ese momento tengan la boca sellada. Sus móviles vuelven a vibrar y sonar, notificando nuevos mensajes y...

san valentín en el siglo XXI.valentines in the XXI century.
Opción 1: se miran exasperados.
_ Pongámolos en silencio_ sugiere ella.
Él no estaba muy de acuerdo, pero era su noche, así que accedió. Poco a poco la conversación iba fluyendo para, a mitad del postre, acabar riéndose a más no poder.
Caminaron juntos, abrazados por la cintura, escuchando el sonido de sus pasos en mitad de la noche.
_Ha sido buena idea pasar de los móviles, ¿verdad? _dijo él.
Ella no dijo nada, solo le correspondió con un beso.
El muchacho acompañó a su novia a la puerta de su casa.
_ Lo he pasado muy bien. _tuvo que reconocer.
_ Tenía ganas de una noche solo para nosotros. _respondió ella con una sonrisa de oreja a oreja. Se formó un silencio que esta vez no era incómodo porque estaba lleno de sentimientos de por medio. _¿Quieres subir? _sugirió.
_ Encantado.

Opción 2: ambos responden a sus mensajes.
Ella sonríe por el vídeo de gatitos que han enviado por su grupo del trabajo y él responde a los comentarios de todas sus redes sociales.
La cena continúa en casi completo silencio, cortado simplemente por frases como qué bueno está esto, ¿puedo probarlo? y comentarios acerca de lo que envían sus amigos.
Terminado el postre, deciden ponerse en marcha. Guardan los móviles y caminan juntos de la mano. La conversación entre ellos empieza a renacer, qué pena que ya hayan llegado al portal de la chica.
_ Me lo he pasado muy bien_ dijo, por compromiso.
_ Yo también. _respondió él, maldiciendo los pocos megas que le quedaban para entretenerse por el camino hacia su casa.
Se dieron un beso de despedida y cada uno marchó por su camino con una extraña sensación de vacío en el pecho.

Opción 3: él le arranca el teléfono de las manos de su chica.
_ ¡Eh! _se queja ella al ver que apagaba su móvil. _¿Por qué has hecho eso?
_ Esta cita es entre tú y yo, no con todo el mundo. _acusó él.
La joven miró su regazo un poco avergonzada. Su novio tenía razón, apenas habían hablado durante la comida y se habían visto bastante poco en las anteriores semanas.
Con la electrónica apagada decidieron continuar la cita. Empezaron a contarse tonterías e historias, centrando su mente en cada palabra que salía de los labios del otro.
_ ¿Queréis postre? _ofreció el camarero.
_ No _dijo el muchacho _ gracias.
La chica abrió los ojos como platos. Ella adoraba el dulce, ¿cómo no iban a tomar postre? Pero él tenía un plan secreto.
La llevó a una heladería artesana, donde se dejaron llevar por la gula.
Paseando y paseando, acabaron en un descampado, donde se sentaron a ver las estrellas. Gracias a la poca contaminación lumínica de aquella zona, podían verse bastante bien.
Siguieron comentando estupideces y riendo. Se hizo tarde y decidieron volver cada uno a su casa.
_ Espera._ dijo ella cuando estaban llegando a su piso. _ ¿Por qué no subes?
Él sonrió. Deseaba que le hiciera esa pregunta.
_ Por mí, por supuesto.
Y así, entre risas, murmullos y besos, se quedaron dormidos, olvidando por completo los likes de sus fotos en Instagram.

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