No suelo escribir sobre cosas alegres, pero a veces lo intento.
Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia (o mala leche).

domingo, 8 de marzo de 2015

Tomemos un café

Nunca me gustó especialmente el Starbucks, así que ayer fui a su competencia huyendo de selfies con el logo de la empresa.
_ Un capuccino, por favor. _le dije al dependiente.
_ Por supuesto, preciosa, espera un segundillo.
Sonreí en silencio.
Me gustaba el ambiente, tantos libros, música tranquila... Tal vez me estaba volviendo un poco hipster.
El chico de la barra me entregó el pedido y me senté en una mesa alta al fondo de la cafetería.

Deseaba empezar mi cuadernillo de dibujo, pero no tenía lápices, rotuladores o cualquier otra cosa que no fuesen pañuelos en el bolso.
Mi cabeza estaba a rebosar de ideas, proyectos, tanto en vídeo, como en pintura o relatos. Estaba a punto de explotar de creatividad. Necesitaba centrar mi mente en la realidad, no en mi mundo de sueños todavía por cumplir. Probé el café abrasándome la lengua con sabor amargo.

La sombra que veis abajo, es la mano de mi acompañante de ideas locas en YouTube, donde espero volver a hacer mi canal y rellenarlo de un contenido que realmente me guste (y OS guste).
Fui a la barra para pedir dos sobrecitos de azúcar.

_ Hola, perdone, ¿me puede dar sobres de azúcar? _dije tímidamente al muchacho que me atendió antes.
_ Claro, ¿quieres azúcar normal, morena o edulcorante?
Vaya, me había metido en un sitio hipster de verdad.

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