No suelo escribir sobre cosas alegres, pero a veces lo intento.
Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia (o mala leche).

domingo, 3 de mayo de 2015

Con la yema de los dedos rozas mi espalda. Es un toque suave que me araña por dentro. Haces círculos con el índice cada vez más y más abajo. Puedo sentir la respiración agitada contra mi cuello.
Me miras y clavo mis ojos en los tuyos. No nos salen palabras pero sí suspiros, y ellos dicen mucho más de lo que podríamos desear.
Me das un beso, húmedo, cálido y salvaje como una selva tropical. Tus yemas ya no rozan, ni arañan, ahora queman. Me arden, me incendian. Enredo tu pelo con mis manos, apretándote contra mí.
Más y más fuerte.
Y esto también es hacer el amor.

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