No suelo escribir sobre cosas alegres, pero a veces lo intento.
Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia (o mala leche).

martes, 19 de mayo de 2015

Si sabes leer entre líneas, algo estarás haciendo bien

Si sabes leer entre las líneas que escribo, algo estás haciendo bien.

Si sabes que odio que me lean en secreto, me conoces.
Si sabes que me matan las falsas promesas, que alguien llegue tarde y que no soporto las películas de miedo; no cabe duda de que sabes de mí.
Si recuerdas que de pequeña quería ser forense, que adoro llevar faldas con vuelo y que detesto hablar de mi peso; quizás es porque somos buenos amigos.
Si alguna vez te conté que me gustan las rosas oscuras, que me da miedo la plena oscuridad y el silencio absoluto, que mi número favorito es el cinco y que siempre que alguien lo dice, le pongo la famosa rima; dios, entonces realmente confío en ti.
Si afirmas con certeza que no me doy cuenta de que alguien está enamorado de mí hasta que me lo confiesa, sabes como va la mente de esta pequeña ilusa.
Si has comprobado que me encanta mirar a los ojos a quien me habla, que las conversaciones interesantes me seducen y que si me haces reír puedo llegar a enamorarme; entonces podemos casarnos, tener hijos e irnos a vivir a las Bahamas a cultivar cocos.
Si algún día te dije que me encantan los chistes malos, la música británica y bailar sola en mi cuarto; sabes muchísimo más que el resto sobre lo que me hace sonreír.
Si sabes que adoro los besos en la frente, te corresponderé con uno en el cuello hasta que, poco a poco, beso a beso, nuestros labios se choquen.
Si piensas que esto va por alguien en especial, definitivamente, NO me entiendes; pero sí quiero que los lectores lo hagan.


Si sabes que cada línea que escribo aquí es una línea de mi cuerpo y de mi mente, me conoces mejor de lo que yo misma lo hago.

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