Recordaba con un nudo en la garganta como se lo dijo a su novio y a su madre. Su hermana aún estaba en la ignorancia, al igual que su padre. Pensaba en lo duro que fue, como la juzgaron. Pero lo realmente malo venía ahora.
Llegó al banco de siempre cinco minutos antes, como siempre. Respiró el humo de su cigarro, el último que fumaría.
Lo vio aparecer en la distancia y automáticamente le empezaron a sudar las manos. El corazón le latía a mil por hora. Tiró la colilla y la pisó.
Él llegó con su sudadera favorita y su sonrisa. Se dieron dos besos.
_ Hueles a tabaco._ le increpó él.
_Aún queda uno... Pero creo que será para ti.
_Sabes que ya no fumo.
_Tal vez hoy lo necesites.
Ella le hizo un hueco en el banco. Sus ojos se empezaron a llenar de lágrimas y él empezó a preocuparse.
_Sabes que tenía algo que contarte... _se le quebró la voz innumerables veces. _Pues allá va. Estoy embarazada. _una lágrima le surcó la mejilla aunque ella sonreía. _Y quiero tenerlo. O tenerla.
Él abrió mucho los ojos. Sabía de sobra que ella no bromeaba con esas cosas. Miró al suelo, donde estaba la colilla pisada. Después de tres meses sin fumar, sentía que necesitaba unas caladas.
¿Qué iba a suceder ahora? ¿Su amiga dejaría la carrera? ¿Su novio la dejaría a ella?
_No... ¿No has pensando en abortar?
_Sí, mucho. Sabes que si esto hubiera pasado dos años antes lo hubiera hecho. Pero yo quiero ser madre.
_Tienes 20 años. Hay tiempo.
_Lo sé, pero de verdad quiero a este bebé. Qué idiotez, ¿verdad?
_Sí, es una puta idiotez. _no podía mirarla a la cara. El cuerpo de su amiga se deformaría, dejaría todo por un crío. Ella era valiente, había que reconocerlo. Él quería tomarse una cerveza. O cinco._Tenías razón. Necesito ese cigarro.
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