No suelo escribir sobre cosas alegres, pero a veces lo intento.
Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia (o mala leche).

martes, 1 de octubre de 2013

Él era el típico chico popular, guapísimo que todas (absolutamente todas) desean tener. Y yo, bueno, era la patética chica que intentó suicidarse. Aunque todo fuera un malentendido tendría ese mote por el resto de mi vida.
No lo entendía, ¿qué narices había visto Matty en mí? Tenía que preguntárselo, así que, en cuanto me subí a su coche, lancé la pregunta.
  _ Oye... Matty... ¿Qué es lo que te gusta de mí? _le miré a los ojos. Le había sorprendido la pregunta, se le notaba.
Dibujó una sonrisa en su rostro.
  _ Lo que me gusta de ti... Que eres buena persona. La mejor que he conocido de hecho, me haces reír y perder la cabeza. Y lo que más me gusta es que sacas a relucir mi mejor yo. Además de que... eres perfecta.
Sus palabras resonaron con eco en mi cabeza. No podía creerlo, le gustaba de verdad.

  _ Y a ti, ¿qué es lo que te gusta de mí?
Me preparé para llenar mi boca de bellas palabras cuando me di cuenta. Mierda.
"Abdominales, sonrisa, dientes, pelo, sonrisa, abdominales, abdominales, pelo, abdominales..."
Tenía que gustarme algo más de él, no sé,... ¿su gato?
"Abdominales, abdominales, abdominales, abdominales"
  _A mí me gusta exactamente lo mismo de ti. _ dije sin pensar. Sinceramente, sonó a pura mentira.


Pero él confiaba en mí, no dudó de mi tono de voz, de la rapidez y de ese tic en el ojo que me sale cuando miento.

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