No suelo escribir sobre cosas alegres, pero a veces lo intento.
Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia (o mala leche).

sábado, 20 de diciembre de 2014

Absténganse los cursis.

¿Cómo describirte? A ti, que perforas mis noches haciéndome parecer un mapache en cada madrugada, a ti y tus complicaciones, las idas y venidas. Y, sobretodo, ¿cómo describir esas lágrimas y rabia contenida que me haces sentir? Por otra parte están las mariposas (¿qué haría sin ellas?), el vértigo al sentirte y la caída al verte marchar.
¿No has sentido eso? Esa asquerosa sensación que a la vez es tan maravillosa, cutre y compleja, que llamamos amor por no llamar locura, obsesión, esquizofrenia, paranoia, depresión, bipolaridad, entre otros.
Noches largas llegas de lágrimas o caricias, sin punto medio, o pasión desenfrenada o frío devastador.

Tú cumples mis sueños y pesadillas; revolviendolos de forma loca, tanto, que ni siquiera sé si lo que estoy haciendo está bien o mal.

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