Y te echo de menos.
Añoro tu respiración tranquila cuando
me abrazas, poniendo mi cabeza en tu pecho y meciéndome al son de un
latido acelerado de corazón.
No puedo evitar pensar en nuestros
dedos entrelazados que nos sirven de enlace, una especie de hilo
transmisor entre tu alma y la mía.
Boom, boom. Boom, boom.
Me gustaría morderte la mejilla,
comerte a pedazos y ver que tus hoyuelos son por mí.
El tambor del pecho se acelera con un
cruce de miradas cómplices que dicen mucho más de lo que se piensa.
"Te quiero" susurran sus
ojos.
"No puedo vivir sin ti"
responde un parpadeo.

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