No suelo escribir sobre cosas alegres, pero a veces lo intento.
Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia (o mala leche).

domingo, 30 de noviembre de 2014

Buscaba entre las paredes de mi habitación un yo que sé qué que me recordara que no estaba sola. Un suspiro entre bastidores, un abrazo por sorpresa, un recuerdo borroso pero nada. No había absolutamente nada.
Al verme rodeada de tanto vacío solo pude sentarme en el borde de mi cama. Mi mente repetía una y otra vez:
Estás sola.
Estás sola.
Estás sola...
Era una grabación insoportable, una auténtica tortura.
Grité a pleno pulmón pidiendo ayuda, suplicando que alguien que me salvara.
Ese grito sonó tenebrosamente a silencio.

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