La emoción me embargó tanto como la curiosidad. Seguí las pistas hasta nuestro salón, donde había muchísimos más globos y, en la mesita, un ramo de flores con una nota:
¡Buenos días! Vístete y sigue el camino que te he marcado.
Hacía más de dos años que éramos pareja, y tres meses desde que nos fuimos a vivir juntos. ¿Fue muy precipitado? No sé, pero era una necesidad despertarme, crecer y sentir con él; a pesar de que me robara mi comida o me regañase por estar demasiado tiempo en el baño.
Me puse lo primero que vi lo más rápido que pude y salí corriendo por la puerta. En el portal había un globo con una flecha que señalaba a la izquierda. Avancé por la calle casi dando saltitos de felicidad. No podía estar más enamorada, eso era cierto, más que aquel primer día, más que el primer beso. El amor no se acaba si lo cuidas bien, es un hecho.
Al principio las cosas no eran fáciles, y menos para él, porque me habían roto el corazón tantas veces que era muy desconfiada. Pero hizo que cambiara mi forma de pensar y, sobretodo, mi forma de querer.
Ya llevaba cinco globos callejeando por las calles de la ciudad y mi barriga empezaba a rugir por no haber desayunado.
Entonces me di cuenta dónde había llegado, al parque de la ciudad. En la entrada había otro globo con una nota:
Encuéntrame si puedes.
¿Un reto? Me encantaba. Aunque era fácil, sabía perfectamente dónde se escondía. Fui corriendo al lago del centro del parque y, efectivamente, ahí estaba, con su gigante y preciosa sonrisa con hoyuelos.
Sin decir nada me senté a su lado y de la mochila que él tenía a la derecha sacó dos zumos y un paquete de donuts de chocolate. Cogió su zumo, lo abrió y lo puso para brindar.
_ Hace tres años ya... _susurré, emocionada, mientras abría el mío.
Él sonrió.
_ Por nuestro primer beso, en este mismo lugar.
_ Por nuestro primer beso. _repetí, tontamente feliz y enamorada.
Paramore; Still Into You
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